Partí en el segundo mismo que tuve el valor, de cerrar las puertas, los recuerdos y el corazón.
Partí sin pensar, porque pensar te hace mirar hacía atrás,
y mirar hacia atrás te convierte en estatua sal,
dejándote para siempre en donde tal vez no debes estar.
Partí, porque un día no logré entender que me pasaba,
y la única forma de averiguarlo,
era estando una noche en el desierto.
Mi noche en el desierto, se ha convertido
en días, y esos días en semanas.
He perdido casi todo en el camino.
He perdido por ejemplo, las nociones de los días,
algunos recuerdos, algunas certezas,algunos caprichos, y casi todo el orgullo.
Perdí también algunos miedos tontos,
porque aquí aprendí a sentir terror.
Perdí también casi todas las partes de la armadura,
con la que me defendía de tí,
porque ahora se, que las cosas de las que más me tengo que defender,
están dentro de mí.
Lo que a veces parece distinto,
suele ser más de lo mismo,
sólo espejismos.
Aquí, en medio de la arena,
me queda sólo el valor de haberme descubierto capaz,
de ser diferente, de mantenerme en pie.
Llega una nueva noche. Mañana será otro día de buscar para encontrar.
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