
Es de noche en el desierto.
No es tanto el frío como el silencio.
No es tanta la soledad, como la presencia exagerada de recuerdos.
No es tanta la oscuridad, como el miedo que siento.
No es tanta la incertidumbre, como lo que tengo por cierto.
Y lo cierto es que soy una extranjera en este suelo,
que de día quema y que de noche es como hielo.
Perdí el deseo de morir, pero tampoco se como vivir esto.
De momento, lo cierto, es que lo poco que tengo,
lo apuesto a tener los ojos abiertos, manteniendome aferrada
al último vestigio de fe que conservo.
Así me quedo, en la arena mirando al cielo,
con el frio y el silencio, con la soledad y mis recuerdos,
con la oscuridad y el miedo, con lo cierto y con lo incierto.
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